Memorias de Galileo Galilei

Buenos días amig@s!

 

En primer lugar, quisiéramos felicitaros el año. Creemos que este 2016 estará lleno de estrellas, cielos limpios y despejados y, como no, de infinidad de actividades astronómicas a vuestra disposición.

El tema sobre el que trataremos en esta entrada será sin duda, la de hacer una pequeña reflexión de la vida de Galileo, y de sus increíbles descubrimientos. Este hombre comenzó en 1610, la aventura intelectual que nos ha llevado a tener una gran comprensión acerca del Universo donde vivimos.Por todos es sabido que Galileo no inventó el telescopio, y aunque su origen no está claro (algunos indican que procedería de la antigua China y otros sostienen que de algún país de centro-europa) si parece que nuestro amigo, lo rediseñó y lo mejoró.

Según se relata en la obra, Galileo estaba muy preocupado por tener que dedicar más tiempo a la enseñanza que a sus investigaciones para poder vivir. Al presentar el telescopio ante los mandamases, éstos estaban más interesados en sus aplicaciones militares que en los avances que este pequeño instrumento pudiera aportar a la física y a la astronomía, como sucedería más tarde. Al ver a aquellas personas regocijarse en sus malintencionadas ideas, a Galileo le debió pasar por la cabeza lo mismo que Alfred Nobel siglos después… “comercio libre con la ciencia libre”.

En 1610, Galileo apuntó su pequeño telescopio hacia Júpiter, donde percibió  una serie de pequeños puntos luminosos que noche tras noche se movían. Parecían bailar a su alrededor, hasta que observó una ocultación de uno de ellos tras de Júpiter. Dedujo que el gigante joviano, era como el Sol y que estos puntos no eran sino Tierras a su alrededor… ¡ Giordano Bruno y Copérnico tenían razón! Aquella noche comenzaron 400 años de increíbles descubrimientos.

Galileo muestra sus descubrimientos

Como todo buen astrónomo nuestro amigo quería divulgar lo que había descubierto, pero un colega suyo le advirtió de lo que podía pasar si tentaba su suerte. No obstante, él pensaba que si se apoyaba en la evidencia, el clero no podía llegar a tomar represalias contra él. Dicho y hecho, en Venecia intentó enseñar con su telescopio a varios profesores de la Universidad, así como a filósofos, eruditos y personalidades del clero, los descubrimientos que había realizado con aquel pequeño instrumento acerca de Júpiter y sus satélites, sin embargo, éstos prefirieron filosofar acerca de la visión aristotélica y el modelo ptolemaico para rebatir lo que Galileo pacientemente les estaba relatando, sin tan siquiera asomarse al ocular… “Razones no son hechos”  pensaría Galileo.

Tras seguir observando noche tras noche, en 1616 la Santa Sede le hacía saber a Galileo que había declarado la teoría de Copérnico, el Heliocentrismo, una herejía y que si bien los astrónomos del Vaticano aceptaban los cálculos de aquél, no iban a cambiar el modelo cosmológico que describía Ptolomeo, no en vano, el único que encaja con su verdad absolutista, en insta a Galileo a dejar de investigar y no dar pábulo a lo que la Santa Sede consideraba como especulaciones heréticas.

El debate está servido… ¿debe Galileo dejar sus investigaciones y retractarse o divulgar los hechos que configuran la realidad? Nuestro amigo, y supongo que la mayoría de los científicos, adquieren cierta amplitud de miras que, finalmente, conducen a un pensamiento crítico. Divulgando conocimientos científicos, incluso en la actualidad, se hace que la sociedad adquiera cierta lógica y pensamiento crítico con respecto a su día a día, que en aquel entonces, estaba dominado en su mayor parte por los poderes eclesiásticos. Por tanto, el conocimiento científico hace libre al hombre, pues nos vamos dando cuenta que controlamos nuestra vida y nuestros actos, y que nuestro día a día no es en absoluto controlado por ciertos sucesos predeterminados. Como diría Giordano Bruno… ¿cada mundo tendrá su propio Jesús?, planteamiento éste, (el de la infinidad de mundos) que le costó la vida.

En años posteriores, tras observar las fases del paneta Venus, y de intuir que, no sólo éste, sino todos los planetas podrían girar entorno al Sol como bien afirmaba Copérnico, Galileo decide investigar acerca del Sol. Quién sabe si por azar o porque ya circulaba algún rumor por Europa de que el “Emperador del firmamento” no era “Inmaculatto”. Utilizando una bandeja de plata como pantalla para proyectar la imagen del Sol que el telescopio le daba, trazó una red de paralelos y meridianos (a modo de sistema de coordenadas) para ver si éste se mueve como lo hace la Tierra. Parece ser, que el motivo subyacente a sus investigaciones no es demostrar que él está en lo cierto, sino buscar si está equivocado en su planteamiento. La humanidad estaba escribiendo las primeras líneas del libro de la naturaleza.

En 1632 Europa entera conoce ya las nuevas ideas procedentes de Galileo. Algunas, creen, constituyen una herejía, así que al año siguiente, la Inquisición ordena a Galileo presentarse en Roma ante el tribunal y ante el papa Urbano VIII. El proceso no es justo, pero como decía mi padre… “la justicia es aplicar la ley por injusta que ésta sea” y aunque Urbano VIII hace ademán de salir en defensa de Galileo (quizá porque tenían cierta amistad) no lo consigue, aunque sí persuade al tribunal de la Santa Inquisición para que se le aplique una pena más indulgente que la muerte, si a cambio nuestro amigo se retracta en sus afirmaciones heréticas. Finalmente, Galileo es condenado a reclusión domiciliaria perpetua.

Años después, en su solitaria reclusión, recibe noticias de que se percibe cierto retroceso científico desde su retractación pública  ante la Santa Inquisición. No se publica ningún texto científico y a nuestro amigo le preocupa haberse equivocado en su decisión.

Finalmente, Galileo entrega a un colega su último libro, “Discorsi”, donde revela la realidad evidenciada por sus descubrimientos, para que lo saque bajo cuerda de Italia con destino a Holanda. Reflexionando sobre su posible error, al no tener la aparente valentía de enfrentarse a la Inquisición, comenta que ante la existencia de obstáculos, la distancia más corta entre dos puntos, puede ser la línea curva.

 

¡Un Saludo Cósmico Galáctico!

 

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